27.6.10
5.000ml Cto. Madrid Veteranos
17.6.10
10km Torrejón de Ardoz
15.6.10
10.000ml Cto. Madrid Veteranos Aire Libre
23.5.10
10km HM Boadilla

martes: 3x(3x300m) r1´/4´ (10km)
miércoles: 14km a 4:26
jueves: 13km fártlek a 4:38 (10x90´´ r2´)
viernes: 10km a 4:29
domingo: 10km HM Boadilla 38:24 (14ºM40)
Los rodajes normales deberían ser algo más lentos, a ver si dosifico mejor.
12.5.10
Medio Maratón de Albacete 09.05.10


11.5.10
Lullaby (J.M.G. Le Clézio, 1970)

29.4.10
Bilbao - New York - Bilbao (Kirmen Uribe, 2008)

Los peces y los árboles se parecen.
Se parecen en los anillos. Si hiciéramos un corte horizontal a un árbol veríamos sus anillos en el tronco. Un anillo por cada año transcurrido, es así como se sabe la edad del árbol. Los peces también tienen anillos pero en las escamas. Y al igual que sucede con los árboles, gracias a ellos sabemos cuántos años tiene el animal.
Los peces nunca dejan de crecer. Nosotros no, nosotros menguamos a partir de la madurez. Nuestro crecimiento se detiene, y los huesos comienzan a juntarse. El cuerpo se encoge. Los peces, sin embargo, crecen hasta que se mueren. Más rápido cuando son jóvenes y, a partir de cierta edad, más lentamente, pero sin dejar nunca de crecer. Y por eso tienen anillos en las escamas.
El anillo de los peces lo crea el invierno. El invierno es el tiempo durante el cual el pez come menos, y el hambre deja una marca oscura en sus escamas porque su crecimiento es menor durante esta época. Al contrario que en verano. Cuando los peces no pasan hambre, no queda ningún rastro en sus escamas.
El anillo de los peces es microscópico, no se ve a primera vista, pero ahí está. Como si fuera una herida. Una herida que no ha cerrado bien.
Y como los anillos de los peces, los momentos más difíciles van marcando nuestras vidas, hasta convertirse en medida de nuestro tiempo. Los días felices, al contrario, pasan deprisa, demasiado deprisa, y enseguida se desvanecen.
Lo que para los peces es el invierno, para las personas es la pérdida. Las pérdidas delimitan nuestro tiempo; el final de una relación, la muerte de un ser querido.
Cada pérdida es un anillo oscuro en nuestro interior.
El día que le dijeron que le quedaban pocos meses de vida, mi abuelo no quiso volver a casa. Fue mi madre, su joven nuera, quien lo acompañó a la consulta aquel día. El abuelo escuchó con serenidad lo que contaba el médico. Lo escuchó todo sin decir palabra. A continuación, le dio la mano y se despidió educadamente.
Al salir de la consulta, mi madre no sabía qué decir. Después de un largo silencio, le preguntó al abuelo si se dirigían a la estación. Él respondió que no.
“No vamos a volver todavía. Pasaremos el día en Bilbao. Quiero enseñarte una cosa” le dijo, e intentó sonreír.
El abuelo llevó a mi madre al museo de Bellas Artes de Bilbao. Mi madre nunca olvidaría aquel día; cómo la misma tarde que le anunciaron que se iba a morir, el abuelo la llevó a un museo. Cómo trató, en vano, de que la belleza se mantuviera por encima de la muerte.
Cómo se esforzó para que mi madre guardara otro recuerdo de aquel día tan desgraciado. Mi madre siempre recordaría aquel gesto del abuelo.
Era la primera vez que entraba en un museo.
27.4.10
Aloñako VI Igoera


Así que salgo fuerte subiendo primero hacia el caserío Arregi (100m+) y bajando luego en picado hacia Lamiategi (65m-). En el km2 se coge ya la pista forestal por la que se sube a Urtiagain. Son otros 2km de arbolado en continua y fuerte pendiente (200m+). Justito se puede hacer corriendo, y porque las fuerzas todavía acompañan. En el km3 ya noté que me estaba colando y tuve que aflojar, pues me faltaba el aire.
Al final todo llega, y con el ánimo del público corono el collado:

Aquí se gira a la izquierda, y a correr. Estoy en la cresta de la sierra de Aloña, y hay que aprovechar este falso llano hasta que la pendiente vuelva a ponerse imposible camino de la cruz:

Son otros 2km con desnivel 333m+. En cuanto me resigno a subir andando veo bajar a toda velocidad al primero, Walter Becerra. Aprieto los dientes y me concentro en seguir a ritmo con mis compis ocasionales. Por suerte la niebla no ha dejado hacer estragos al sol:

Cuando al fin coronamos, en loor de multitud, miro el reloj. 1h05min para 8km. Como siempre. Bebo un poco de agua con la vista puesta en las casas de Oñati, pequeñitas, en el fondo del valle. "Aupa, que has venido de tan lejos que bajar al pueblo será ya poca cosa para tí". Así me animan, y salgo disparado cuesta abajo.

Al paso por el km10 toca de nuevo despeñarse por el sendero de cabras. Cuesta abajo, el collado de Belar anuncia ahora la boca del infierno: 575m- en 3km. Bajar deja de ser divertido. De tanto frenar en la pronunciadísima pendiente los cuádriceps se van agarrotando. Para cuando el terreno entra en bosque y correr suelto empieza a ser posible, las piernas están como estacas. Duras, bloqueadas. La zancada es minúscula. El dolor, terrible. Para colmo, noto amenaza de contractura por toda la espalda. Las últimas rampas pronunciadas son una tortura. Gritaría de dolor si tuviera fuerzas. Cuando al fin salgo de mala manera del bosque a la pista asfaltada, no tengo más remedio que pararme. Las piernas, sencillamente, tiemblan y no me sostienen.

Uahhh, qué fuerte. Lo conseguí otra vez. Rápido tomo algo y estiro suavemente. Lo de no poder agacharme, ni bajar escaleras; lo de andar sin doblar lar rodillas por el dolor de las agujetas, eso será mañana, y especialmente el martes, pero también acabará remitiendo. Ahora a disfrutar de lo conseguido, a compartir experiencias, a esperar a Iván, que las estará pasando más canutas todavía, mucho tarda... con el aperitivo que nos han puesto, así da gusto: sidra, buen chorizo cocido, carne con tomate. Aquí todo es lo mejor: la carrera, la organización, el pueblo, la gente... Hasta el año que viene.
26.4.10
Londres es de cartón (Unai Elorriaga, 2009)

Vredaman era una novela menor, con momentos brillantes originalmente contados. Fue mientras la leía que empecé a escribir en el foro de el atleta y con ese nick. También acabó siendo el título de mi blog, así como mi alias por el que algunos me conocen o me tratan.
19.4.10
L´amour dure trois ans (Frédéric Beigbeder, 1997)

Lucy Vincent : Oui, car ce mécanisme est ancré dans nos gènes, c’est un programme génétique. Le comportement amoureux est né, chez l’homme, de la nécessité d’assurer la reproduction de l’espèce. Dans un monde où seuls les plus forts survivaient, il fallait protéger les bébés. Pour survivre, l’enfant a besoin de deux parents. Car un parent tout seul ne peut à la fois le surveiller, l’abriter, aller chercher à manger et se défendre contre les prédateurs. Or, le seul phénomène qui puisse obliger les deux parents à rester unis est l’amour. C’est un processus par lequel deux adultes, mâle et femelle – aujourd’hui, ce pourrait être deux mâles ou deux femelles, l’homosexualité entre tout à fait dans mon discours –, se trouvent merveilleux. Non seulement au point de vouloir rester ensemble, mais aussi d’être mal quand ils sont séparés. L’alchimie cérébrale qui se produit alors crée une addiction et les rend aveugles aux défauts de l’un ou l’autre : elle leur permet de rester ensemble pour la survie de l’enfant.
On pense qu’il existe des facteurs de complémentarité que notre cerveau cherche inconsciemment chez l’autre. Le rôle des odeurs a été mis en évidence. Elles traduisent des informations génétiques concernant le système immunitaire. Le raisonnement est le suivant : si j’ai un système immunitaire qui me protège de tels germes et mon partenaire un système immunitaire qui le protège de tels autres germes, notre enfant disposera d’une vaste gamme de défenses immunitaires. Mais si je prends quelqu’un qui a le même système que moi, mon enfant sera plus faible. Des expériences ont montré qu’un individu préfère quelqu’un qui a un système immunitaire très différent du sien. Les odeurs nous aident donc inconsciemment à choisir notre futur partenaire.
