22.3.09

Ian Rankin (2000). En la oscuridad

Edimburgo está a punto de convertirse, al cabo de casi tres siglos, en anfitriona del primer Parlamento escocés, un hito histórico y político que enciende pasiones. El inspector Rebus ha sido destinado al comité de enlace de seguridad de la novedosa institución, en Queensberry House, centro mismo del distrito de la comisaría de St. Leonard. Desde la futura sede del gobierno de Escocia, a través del tiempo se transmite una maldición que, según algunos, recaerá sobre sus nuevos inquilinos. Los problemas empiezan cuando en la antigua chimenea, donde de acuerdo con la leyenda murió asado un joven, aparece el cadáver de un desconocido que debe llevar muerto un buen puñado de años. Pero los problemas sólo han hecho eso: comenzar, porque con el desarrollo de la investigación, un mendigo millonario se arroja al tren, suicidándose y Roddy Grieve, candidato a un escaño en el Parlamento escocés, es asesinado. ¿Hay alguna conexión entre los tres cadáveres? ¿No la hay? ¿Cuál es el móvil de los crímenes? ¿Uno solo? ¿Tres?

La apariencia externa de la acción encierra algo más profundo: los tejemanejes de varios promotores de viviendas que, utilizando información privilegiada, conseguirán apoderarse de los solares más codiciados de la ciudad. Edimburgo ofrece, además, un marco en el que los bares, centros de encuentro de la población, desempeñan un papel primordial. Asistimos a un amontonamiento de situaciones, embrollos y problemas. Sin embargo, Rankin tiene la suficiente capacidad para desmontarlos, ofreciéndonos una explicación razonable y verosímil de los mismos, con lo cual no queda ni un cabo suelto.

El inspector Rebus está un poco de vuelta de todo. Para él el trabajo en grupo presenta un carácter muy personal, tanto es así que se reserva detalles de la investigación para sí mismo, para su uso privado. Rebus está mal visto por la superioridad, que recela de él, y no colabora en absoluto con el inspector con quien comparte el caso, porque encuentra absurdos los métodos de investigación puestos en marcha. Rebus vive al margen, va a la suya, se lo echa todo a la espalda. En más de una ocasión su comportamiento está a punto de llevarle a la trena. No vulnera la legalidad, pero tampoco hace demasiado caso de la línea oficial de trabajo. Uno de los personajes lo define muy acertadamente: "El inspector Rebus está harto y desengañado de casi todo... ya no confía demasiado en nada … Cansado del mundo … Usted no vota, ¿verdad, inspector? Lo encuentra absurdo." Y lo cierto es que su táctica funciona, no le va mal, porque un sabueso cochambroso, como es Rebus, sabe más por la acumulación de experiencias y su intuición que como agentes sistemáticos y metódicos. Mucho más. John Rebus está separado, bebe y lo sabe todo de música rock, afición esta que, además, le abre algunas puertas con el pasado. Su despacho es la trastienda de un pub donde, acompañados de unas pintas, un whisky o unos simples cafés, él y sus compañeros repasan los acontecimientos del día y las estrategias a seguir. Y es que el ambiente de los pubs parece completamente connatural al escenario de la novela: Edimburgo, la ciudad donde "nunca se sabe". Y last but not least no olvidemos a su joven colega Clarke, todo un personaje con el que simpatizamos enseguida.

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