1.8.21

La última causa perdida (Moonlight Mile, Dennis Lehane, 2010)


 Se quedó mirándome fijamente, con la boca abierta y los ojos entornados.

   - Nos contrataron tus padres, cretino de mierda. Supusieron que acabarías por hacer alguna memez porque, en fin, Brandon, eres un memo. El pequeño incidente de hoy debería confirmar sus peores presagios.

   - No soy un memo -se defendió-. He ido a la universidad.

En vez de una docena de respuestas sarcásticas, lo único que me vino fue una oleada de agotamiento.

Así era mi vida en esos tiempos. Así.

Daisy Miller (Henry James, 1878)


 No me importa si tengo o no la fiebre romana -dijo Daisy en un extraño tono. En ese mismo instante el cochero, restallando el látigo, hacía arrancar el coche sobre el irregular empedrado.

El Gran Gatsby (Francis Scott Fitzgerald, 1925)

 


El palacete de mi derecha era, observado desde cualquier ángulo, un inmenso caserón, la perfecta imitación de un Hotel de Ville de algún pueblo de Normandía, con una torrea un lado, tan nueva que relucía bajo una barba muy delgada de hiedra silvestre, cuarenta cuadras de jardines y prados, y una piscina de mármol. Esa era la mansión de Garsby.

Deshoras (Julio Cortázar, 1983)


 Vos sabés muy bien lo que pasó, para qué te voy a contar, las tres primeras vueltas de Giardello más veloz y técnico que nunca, la cuarta con Ciclón aceptándole la pelea mano a mano y poniéndolo en apuros al final del round, la quinta con todo el estadio de pie y el locutor que no alcanzaba a decir lo que estaba pasando en el centro del ring, imposible seguir el cambio de golpes más que gritando palabras sueltas, y casi en la mitad del round el directo de Giardello, Ciclón desviándose a un lado sin ver llegar el gancho que lo mandó de espaldas por toda la cuenta, la voz del locutor llorando y gritando, el ruido de un vaso estrellándose en la pared ante de que la botella me hiciera pedazos el frente de la radio, Ciclón nocaut, el segundo viaje idéntico al primero, las pastillas para dormir, qué sé yo, las cuatro de la mañana en un banco de alguna plaza. La puta madre, viejo.

El infinito en un junco (Irene Vallejo, 2019)


El libro ha superado la prueba del tiempo, ha demostrado ser un corredor de fondo. Cada vez que hemos despertado del sueño de nuestras revoluciones o de la pesadilla de nuestras catástrofes humanas, el libro seguía ahí.
 

1.6.21

En la penumbra (Juan Benet, 1982)


    _ Pasa -dijo la sobrina-, quiero presentarte a mi tía. Quiero que le digas lo que yo te inspiro; lo que yo soy para ti y cuáles son nuestras intenciones.

Detrás de la sobrina apareció la señora. Ambas salieron al rellano, sobre el felpudo.

   _ Pasa -dijo la señora-. Entra. Puedes entregarme ese mensaje. Llevo esperándote toda la tarde.

Dio media vuelta y descendió la escalera con apresuramiento, agarrado al pasamanos y pisando con aplomo los peldaños recién encerados, cuidando de no hacerlo sobre las hojas de periódicos atrasados para no resbalar.

14.1.21

Las aventuras de Huckleberry Finn (Mark Twain, 1884)


    - ¿Cómo te llamas de veras?

    - George Peters, señora.

    - Bueno, intenta recordarlo, George. No vayas a olvidarlo y decirme que te llamas Elexander antes de que te marches, y luego a escaparte diciéndome que eres George Elexander, cuando te pille. Y no te acerques a las mujeres, llevando ese percal viejo. Haces de muchacha bastante mal, pero tal vez podrías engañar a los hombres. Que Dios te ayude, niño, cuando te pongas a enhebrar una aguja, no vayas a sostener el hilo quieto y luego arrimar la aguja hacia él; mantén la aguja fija y empuja el hilo hacia el ojo; así es como lo hacen las mujeres, pero los hombres lo hacen al revés. Y cuando le tires con algo a una rata, levántate de puntillas y alza la mano por encima de la cabeza tan torpe como puedas, y falla el tiro por dos metros o más. Tira con el brazo estirado, desde el hombro, como si éste tuviera un pivota en que girar, como lo hace una muchacha; no tires como un muchacho con un movimiento de la muñeca y el codo, con el brazo a un lado. Y, mira, cuando una muchacha intenta coger algo en el regazo, abre bien las rodillas; no las cierra de golpe como hiciste tú al coger esa barra de plomo. Yo descubrí que eras un muchacho cuando ibas a enhebrar la aguja; y he ideado todo lo demás para estar segura. Ahora, muévete y vete a buscar a tu tío, Sarah Mary Williams George Elexander Peters, y si te metes en algún lío, manda buscar a la señora Judith Loftus, que soy yo, y haré lo que pueda para sacarte de él. Sigue el camino del río todo derecho, y la próxima vez que des una caminata, llévate zapatos y calcetines. El camino del río es pedregoso, y tendrás los pies en buenas condiciones cuando llegues a Goshen, supongo yo.


31.12.20

Panza de burro (Andrea Abreu, 2020)


Isora sabía hablar con las viejas. Yo me limitaba a escuchar lo que se decían. Ustedes quieren un fisquito café, misniñas? A mí no me dejan beber café, le respondí. Yo sí, un fisquito, dijo Isora. Un fisquito namás. Ella siempre un fisquito namás. Lo probaba todo. Una vez comió comida de perro de la que había en la venta para saber lo que se sentía. Ella lo probaba todo y después si era necesario lo vomitaba. Yo tenía miedo de que mis padres me olieran el café de la boca y me arrestaran, pero Isora nunca tenía miedo. No tenía miedo aunque la abuela la amenazara con meterle un leñazo. Ella pensaba que la vida era solo una vez y que había que probar un fisquito siempre que se pudiese. Y un fisquito de anís, miniña? Un fisquito namás. Un fisquito namás. Un fisquito namás, decía.
 

27.12.20

La carte et le territoire (Michel Houellbecq, 2010)



Puis tout se calme, il n´y a plus qye des herbes agitées par le vent. Le triomphe de la végétation est total.