23.2.11

3000ml Cto. Madrid Veteranos PC

20.02.11. Campeonato de Madrid de Veteranos PC (sic) en la pista de Majadahonda. Gran ambiente y gran retraso en las pruebas. Aunque había intentado dos veces darme de baja a causa de mi reciente lesión muscular (rotura isquiotibial), las ganas pudieron más y acabé vestido de corto. Intenté concienciarme de no forzar en ningún momento para no tener luego que arrepentirme.
En mi serie corremos 16 atletas de 45 a 54 años. Es un dejà vu respecto al año pasado. Carrera corta de pretemporada, sin más objetivo que aprovechar la ocasión y participar disfrutando del precioso ambiente atlético.
Salimos y me coloco en cola.


A los 150m voy penúltimo, y el de atrás, el muy cachondo, dice "yo ya voy colocado en mi sitio", ja ja. Pegado al de delante, adelantamos a dos y nos vamos quedando solos. Buen ritmo para mí, así que aprovecho la liebre. Pasamos el mil en 3:35. Un poco rápido me parece, pero como llevo bien el ritmo me reafirmo en seguir así.
El segundo km se me hace largo, y la impaciencia me pide adelantar a mi colega e intentar ir a por alguno de más adelante. Pero el buen juicio me hace frenar y quedarme donde estoy. Hoy es día de cuidar, no de forzar.
Efectivamente, el km2 ha sido claramente más lento. Como tenía la sensación de ir algo frenado, ahora ya sí me doy permiso para espabilar un poco. Dejo atrás con cierta facilidad a mi pareja y pongo un ritmo sostenido algo más alto. Tampoco iba ya a pillar a ningún otro, así que encaro el final sin esprintar y entro en 10:48.95.



Pues muy bien. Un pelín más lento que el año pasado y en el puesto 13. Décimo y último de mi categoría, ja ja. No importa, el caso es que no me he resentido y he corrido a gusto. Ahora a retomar poco a poco los entrenamientos esperando que haya suerte esta temporada.

10.1.11

10km Trofeo Páris. Cto. Madrid Veteranos

Mañana ideal para correr. Bastante nublado pero sin lluvia, tampoco frío. El parque lineal del Manzanares ofrece un muy agradable circuito y el club Páris lo organiza fenomenal. Poco más de cien veteranos nos hemos dado cita para disputar el campeonato provincial de 10km ruta.


Salida limpia y rapidita. Los dos primeros km a 3:40, cada uno buscando su sitio. Se alterna asfalto con camino de tierra, en general bastante plano y compacto. Una vez nos estiramos, en pocas ocasiones coincido con alguien, toca correr bastante solo. Por suerte hay colegas animando, PepeTroncha, PacoG, Dgranda, Alespinar, Oscar Artalejo... gracias a todos.



Está claro que no voy a poder seguir el mismo ritmo, todo va a ser cuánto voy a ir cediendo. La primera vuelta no se hace muy larga, y al llegar otra vez arriba el km5 marca 18:51.


Hasta aquí muy bien, pero desde el km6 ya empiezo a notar con más claridad la fatiga. Aguantando al tran tran veo que justito corro por debajo de 4min/km. Aún así, en el tramo final de subida veo que aguanto y acabo entrando en 38:17.

Octavo de mi categoría. Contento, pues. Confirmando un nivel más que aceptable para estar con kg de más y entrenos de menos. Y con ilusión de empezar a darle un poco de alegría al cuerpo en los entrenamientos, que ya va siendo hora de esforzarse.


Un poco más temprano fue la carrera popular, donde corrían muchos estimados colegas. Junto a Juanjo Crespo y Dgranda pasamos un rato entretenido dando ánimos. Estaba Tutty por delante, trabajándose el sub36. Luego venía Duquito lanzado, que a última hora, viendo que le daban caza, tuvo la cortés idea de quedarse a acompañar a su suegra (sic). Al poco Luis, gran ritmo hoy y empezando a sacarle partido a la distancia con un sub39. Enseguida Tronchamozas, muy solvente, más cerca ya del 39 que del 40. Y last but not least el equipo A(fa). Abel (Afa) escoltado por su guardia de corps (Joselette, Alespinar) con Roberto Toppez marcando la cadencia precisa. No podía fallar, y el compacto grupo entró en meta cumpliendo con holgura el objetivo sub40. Ah, también iba Paco G, que ha corrido con precaución debido a su maltrecha pierna y por eso se ha quedado un poco más descolgado.

Aquí tenemos una foto de recuerdo con unos cuantos: ¿quién es quién?



3.1.11

10km San Silvestre Vallecana Popular


Pues ahí delante estábamos Ricardo Culebra y un servidor, listos para despedir el año corriendo, como nos gusta. Poco entrenamiento desde el maratón de Frankfurt y varios kg cortesía navideña. Pero con ganas de darlo todo. Intención: ir con Ricardo hasta donde pueda y luego regular hasta meta para no reventar.
17:30h 3,2,1,0. Estampida. Y suerte que se empieza subiendo un cuestón, que si no vaya peligro. Con el mogollón que somos y lo rápido que sube Ricardo casi le pierdo nada más salir. Pero llega el alto, giramos a la derecha, y todo empieza a estabilizarse. Menos el ritmo. Con la primera bajada, el 2º km lo hemos hecho por debajo de 3:30. Esto no tiene futuro, pero... carpe diem, ja ja ja.
La garganta me quema, una salida tan rápida es estresante para el body, todo el calentamiento había consistido en media hora quieto parao en la línea de salida. Tenemos justo delante el globo de 38´. Nos vamos acercando a él y el pulso se tranquiliza un poco. Las sensaciones son muy buenas, de ligereza incluso (con 6kg más que hace 2 meses, ji ji ji). Estamos en la zona pija de Serrano. Por suerte todavía es de día, así que no ha habido que sufrir la recargadísima iluminación navideña. A pesar de la exigente velocidad, estoy pensando que acoplarse el mayor rato posible al grupito de 38´ nos haría mucho bien.
Y es justo en ese momento cuando Ricardo demarra (sic) y abandona el grupo. Cabrónnnn, no me hagas esto. Tras una leve vacilación debida a mi natural acomodaticio, salgo a por él. Dije que le acompañaría hasta donde pudiera, así que allá vamos. Sin mirar atrás, nos lanzamos de cabeza contra la Puerta de Alcalá, la esquivamos por la derecha, avistamos Cibeles y zas. Una baja en la manada de búfalos. No creo que fuera un disparo, alguno se cruzó y la cuesta y la inercia hicieron el resto. El chaval cayó tendido al asfalto y rebañó un buen puñado de metros hasta parar. Suerte que chocó con el público, porque aquello parecía una de esas caídas de ski que se ven en la tele en las carreras de descenso o gigante.
Con la adrenalina de los supervivientes fintamos Cibeles por la izquierda y salimos al paseo arbolado. Velocidad de crucero hasta el Museo del Prado. Cartel de km5. A ver qué dice el reloj... 18:16. Alaaaaaa la que hemos liado. Pero si nunca he pasado por aquí más rápido de 18:30. Y Ricardo a lo suyo. Una zancada, dos, cuatro, poco a poco se me va. En fin, misión cumplida, le deseo lo mejor. Al pasar por Atocha, un flato molestísimo. Imposible seguir tan al límite, y con lo que queda. Decido (qué remedio) aflojar en la cuesta abajo. Dos km hasta el Puente de Vallecas en los que me doy una leve tregua mientras intento respirar un poco más hondo, a ver si se va el dolor.
Y sí, entrando en Vallecas el flato amaina, pero empieza la cuesta. Cuesta arriba, se entiende. Un kilómetro enterito. No es que sea muy muy empinada, pero con las fuerzas justas esto se hace un calvario. Siempre estirando el cuello, con la esperanza de que sea la siguiente bocacalle la del giro a la derecha. Pero no. Esta no. La siguiente tampoco. Ni la otra. Cuando al fin llega, el alivio es grande. Ahora parece ir un poco en descenso, pero a estas alturas todo cuesta.
En esto que alguien grita "venga 38". Lo que faltaba para dar ánimos, que me pille el globo. Viene solo. Me pilla y se va. Cartel de km9. Miro el crono. Bueno, si hago este último km por debajo de 4´ tengo alguna posibilidad de hacer honor a mi pulsera sub38 que me permitió salir en cabeza. Sería la leche para un día como hoy, en el que me imaginaba sinceramente peleando el sub40. Aprieto los dientes e intento que el globo no se escape, es mi referencia. Vamos, vamos, allí está la curva a la izquierda. La corta cuesta empinadísima, a bloque. Giro y sprint a meta. Va, va, va... ¡ondo mutil!
Enseguida veo a Ricardo, que también ha conseguido su ansiado sub38. Así que nos largamos de allí, más felices que unas perdices. Jua, qué bien estuvo. Ahora a ponerse hasta arriba de comer esperando las uvas. Feliz Año Nuevo. Urte Berri On.
37:57 (21º VM45)


2.1.11

Tamara Drewe (Stephen Frears, 2010)



No he visto muchas pelis de Stephen Frears. Más que nada las primeras cuando se estrenaron en los Alphaville (My Beautiful Laundrette, 1985). Luego llegó la deslumbrante Dangerous Liaisons, 1988. The Snapper (Café irlandés) la vi mucho más tarde, en DVD. Y siempre me habían gustado mucho, todas ellas. Supuse, pues, que Tamara Drewe, en cartelera de estrenos, además de la comedia negra que se anunciaba, sería una película bien hecha, interesante, entretenida. Y estaba en lo cierto. Pese a las dificultades de hilvanar un guión suficientemente creíble, las situaciones son tan graciosas como bien resueltas. Una fantasía costumbrista repleta de personajes muy bien caracterizados. Un humor inglés ingenioso y socarrón, nada chabacano. Desde un principio te partes de la risa, y eso ya no para hasta el hilarante final. No es una gran película, pero sí una divertidísima comedia. Que no es poco.

29.12.10

Correr (Jean Echenoz, 2008)


En su nuevo libro, Correr, Jean Echenoz (Orange, 1947), vuelve a hacer hincapié en las biografías noveladas que tanto éxito le han dado hasta ahora. En esta ocasión el biografiado es Emil Zàtopek (1922-2000), atleta checoslovaco especialista en pruebas de fondo, conocido por sus actuaciones en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948, pero sobre todo por los de Helsinki de 1952 en los que además de hacerse con el oro en las pruebas de 5000, 10.000 y maratón, batió los récords de las tres pruebas.

Emil Zátopek, protagonista absoluto de la historia, comienza corriendo sin ganas, mientras trabaja en una fábrica de calzado, que abandona en 1945 para entrar en el ejército checoslovaco. La carrera no era una cosa hecha para él. Pero poco a poco siente el gusanillo y empieza a correr regularmente, hasta consagrarse mundialmente como uno de los mejores corredores del mundo. Conocido como La Locomotora Humana, por su extraña forma de correr, solía mostrar un rostro completamente desencajado en todas y cada una de sus carreras.

Echenoz al igual que el propio Emil, corre capítulo tras capítulo, explicando tan sólo lo que de verdad interesa en su vida
. Para Echenoz el libro es una carrera de 100 metros, nada de maratón. Como una montaña rusa, ahora acelerando ahora frenando, nos presenta de forma concisa y milimétrica la vida del campeón.

De escritura nítida, sencilla y en ocasiones cortante, Echenoz nos confía, a modo de secreto bien guardado, la historia de este corredor por casualidad, pero ganador por empeño, que nada ni nadie en el mundo (ni sus lesiones, ni sus resfriados, ni el dormir poco, ni los propios checoslovacos con su régimen autoritario, ni la tergiversación de sus palabras para obtener determinados titulares en los periódicos y poner así al pueblo entero en su contra) pudieron acabar con sus récords. Poco más se puede decir sobre esta pequeña joya. Un libro para disfrutar de su lectura, que, aunque sea rápida, tanto o más que el propio Emil, nos dejará un muy buen sabor de boca.

Salva G. en LLegir en cas d´incendi

19.12.10

Cto. Madrid Clubes. Cross de Parla




19.12.10. Llovió toda la noche, y el Parque del Lago de Parla estaba este año bien embarrado; a cambio, la temperatura no era muy baja.
A las 11:30h hemos salido la tropa majariega veterana (45-55) para dar 4 vueltas y completar casi 5,5km de hierba, barro y cuestas. Por fin un cross bonito, pues por aquí lo habitual son caminos duros. Juanjo, Enrique, Manuel, Leo y servidor. Como estoy en pretemporada y llevo encima más molestias que kilómetros, mi única preocupación era no hacerme daño. Mucha precaución con curvas, resbalones, baches, todo muy peligroso para mis pequeñas y variadas tendinitis y esguinces.
Salgo pues casi en cola del centenar de corredores, y así hasta que el pelotón se estira lo suficiente para empezar a adelantar. Con cierta soltura he ido avanzando posiciones la primera mitad de la carrera. Así hasta llegar a la altura de Manuel, que iba penando en un circuito muy duro para sus piernas. Como tampoco tenía fuelle para ir más rápido, contento estaba de poder seguirle. El ritmo era peor, la dureza del terreno hacía mella, pero pronto llegó la cuesta final. Entré contento y sufriendo lo justo, que esto es solo el principio.
Al final hemos quedado quintos en el campeonato provincial. Y sobre todo una bonita mañana de cross para correr y compartir con los colegas. Ya pondré alguna foto cuando la consiga.

26.11.10

Calambres musculares (Noakes, 2001)

"Los calambres musculares se definen como contracciones espasmódicas, dolorosas e involuntarias de los músculos. Aunque son un elemento importante de algunos trastornos musculares serios, los calambres sufridos por los corredores son generalmente, a pesar de la molestia, de pequeñas consecuencias médicas y suelen ocurrir o por la noche (calambres nocturnos) o durante un ejercicio inusualmente prolongado (calambres de esfuerzo). Está claro que la propensión a los calambres es diferente: a unos no les afecta casi nunca; otros siempre acaban con calambres si corren la suficiente distancia.
Los calambres de esfuerzo tienden a ser padecidos por personas que corren más distancia o más rápido de lo que están acostumbrados. Otros factores de riesgo identificados para los calambres musculares incluyen una mayor edad, un largo historial como corredor, un índice alto de masa corporal, escaso tiempo diario dedicado a estiramientos, irregulares hábitos de estiramientos y antecedentes familiares de calambres (Schwellnus 1999).
Así, el atleta cuyo rodaje habitual más largo es de 30km es probable que desarrolle calambres musculares durante los últimos pocos km de un maratón standard, especialmente si es irregular en los estiramientos y tiene antecedentes familiares. No hay evidencias de una gran alteración de los niveles electrolíticos sanguíneos en corredores con calambres (Maughan 1986; Schwellnus 1999), ni tampoco de la teoría según la cual ingerir electrolitos (como cloruro sódico, magnesio o zinc) previene el desarrollo de calambres. La deshidratación tampoco parece una buena candidata; los corredores que sufren calambres durante el ejercicio no tienen más probabilidad de deshidratación que el resto durante una misma carrera. Una excesiva ingesta de líquido tampoco parece que tenga que ver. Ahora, una hiponatremia (baja concentración de sodio en la sangre) inducida por una excesiva ingesta de líquido sí que puede llevar a tener calambres.
El primer factor que parece reducir el riesgo de calambres es simplemente un mayor entrenamiento, especialmente largas distancias para los que corren maratón. También puede ser de valor tanto el prestar atención a una adecuada reposición de líquido y carbohidrato antes y durante el ejercicio, como el no correr muy rápido demasiado pronto en la carrera.
Otro factor que puede ser importante es una adecuada atención a los estiramientos antes y durante un ejercicio prolongado. El director de la Universidad de Cape Town Sports Medicine Program, Martin Schwellnus (1999), ha aportado convincentes evidencias de que los calambres musculares provienen de alteraciones en la sensibilidad de los reflejos originados en los receptores de la tensión de músculo y tendón. Está postulado que durante un ejercicio prolongado el reflejo de estiramiento inverso, que inhibe una excesiva contracción muscular, se vuelve inactivo debido a una reducida sensibilidad de los órganos tendinosos de Golgi del tipo Ib, mientras que los impulsos estimulatorios desde las neuronas motoras alpha en la médula espinal hacia las fibras musculares del tipo Ia y II se incrementan. La estimulación de los husos musculares incrementa la probabilidad de que los músculos se contraigan. Se ha argumentado que esos cambios ocurren especialmente en músculos que se contraen en una posición acortada durante largos periodos de tiempo. Ejemplos típicos son el músculo diafragmático en cualquier actividad, el tendón de la corva y los cuádriceps en corredores y ciclistas y también los músculos de la pantorrilla en nadadores o durante el sueño nocturno. Sólo los músculos sometidos a frecuente estiramiento durante el ejercicio prolongado pueden estar prevenidos frente a los calambres. Es el estiramiento del músculo el que activa el reflejo de protección del estiramiento, originado en los tendones de Golgi.
Sin una frecuente activación de este reflejo protector, el músculo puede llegar al espasmo. La teoría de Schwellnus predice que los calambres podrían ser prevenidos si la actividad del reflejo miotático inverso es mantenida durante el ejercicio prolongado. Eso se consigue con un regular estiramiento de los tendones de los músculos afectados. Este estiramiento reactiva el reflejo dormido.
Sin embargo, está claro que aquellos atletas que sufren severos calambres musculares durante un ejercicio prolongado no se benefician de ningún consejo de los que actualmente podamos darle. Presumiblemente, estos atletas tienen un incontrolable incremento en la actividad del huso muscular que le lleva a un calambre incontrolable. Es posible que algunos de estos atletas tengan un defecto orgánico en el diseño de sus husos musculares, si bien pequeño como para causar problemas durante las actividades diarias, incluyendo la carrera. Pero les impide una contracción muscular normal en una tirada sostenida durante más de unas pocas horas. Puesto que el asunto es bastante raro y de poca importancia médica, pueden pasar algunos años hasta que resulte suficientemente atractivo para la investigación y hasta que la causa de la anormalidad sea identificada.
La causa de los calambres nocturnos también es desconocida, pero probablemente no difiera de la de los calambres de esfuerzo. Estirar los músculos afectados antes de acostarse cada noche ha resultado ser una buena prevención, como sugería con precisión la teoría de Schwellnus. Adicional apoyo a esta teoría viene del tratamiento del llamado flato.
En contraste, la quinina (antipirético. antipalúdico y analgésico), que es ampliamente prescrita en el tratamiento de los calambres nocturnos, parece no tener ningún efecto significativo en este caso (Sidorov 1993); y además no debería ser prescrita, pues causa efectos de flojera."

23.11.10

Siete casas en Francia (Bernardo Atxaga, 2009)


Al principio la novela me desconcertó un poco por el argumento, simplemente no me lo esperaba. Una vez entré en él, me fue cautivando. Luego, a dejarse llevar. La capacidad de Bernardo para fabular historias es impresionante, y si a veces le pillo el truco literario es siempre motivo de asombro y admiración. La literatura vasca es pequeña, pero ha aprendido rápido. Poco tiene que envidiar a lo que se escribe actualmente en otras lenguas y culturas.

3.11.10

Maratón de Frankfurt 31.10.10


Ver video

Final Time 2:55:49 MMP / 46º M45 (388º)

05 21:13 - 10 20:55 - 15 20:50 - 20 20:41 - 1/2M 1.28:11

25 20:34 - 30 20:50 - 35 20:29 - 40 20:53 - M 2:55:49 (4:10/km)




La mamba negra

Levantó un momento la vista y se encontró de frente con un gran reloj blanco, adosado a la farola. La una menos cuarto. Antes de calcular nada, su expresión se relajó. Aquello sonaba muy bien. En un momento aparecerían las largas mesas llenas de vasitos de papel. Si pillaba al vuelo uno de los primeros, el agua pasaría por el gaznate. En caso de mala suerte, haría por conseguir alguno del final, isotónico sabor manzana y un poco gaseoso. Extraño, pero le había sentado indudablemente bien desde que lo empezó a beber, más de 2 horas atrás. Esta vez la mente estaba mucho más despejada que en anteriores ocasiones, e intentó unos sencillos cálculos. ¿Cuánto tiempo le llevaría llegar a meta a esta velocidad tras beber 2 vasos, pisar unas decenas más y alcanzar la línea verde del km 40? El cálculo fue algo lento pero bastante preciso. 9 min largos. Bien. Esperaría pacientemente hasta llegar al cartel y miraría por 1ª vez en la carrera el tiempo total. Tras sumarle 9 min sabría si estaba lejos o cerca del tiempo de su añorada carrera, Donosti 08, aquella desapacible mañana en la que se sintió un digno y esforzado hijo de la tierra. Eso sería pronto, pero ahora había que seguir concentrado. El ritmo regular. La línea verde intermitente: permitido adelantar. Dos horas pasando corredores en un lento e inacabable goteo. El pulso firme, las piernas a flor de piel. Desde hacía un rato venían avisando. El primer susto fue en una curva a la izquierda, nada más saludar a Quique, salvando el bordillo. Prohibido alargar la zancada, cualquier gesto brusco. Había que correr como si todo el mundo estuviera dormido y no quisieras despertar a nadie. Pero esta vez había conseguido entretener lo suficiente a la mamba negra, la serpiente más peligrosa del mundo, y al divisar el 40 ya no temía su mortal picadura. La alfombra roja le aguardaba cercana, y nada impediría ya recorrerla triunfal, con el 2 presidiendo la puerta de bienvenida. Cuántas veces había pensado que aquello ya no volvería a ser posible, que los años no perdonan, que hay momentos que es mejor retener y guardar y acunar porque son únicos. Marcó el parcial, 20.53. Perfecto. Y sólo entonces hizo por ver la complicada serie, pequeñita, en la parte alta del cronómetro, 2:46:25. Le dejó indiferente, hasta que consiguió sumarle un nueve, 2:55 y bastante. Y por primera vez en toda la mañana, súbitamente, perdió el control. Las piernas, precisamente lo menos indicado, decidieron atacar por su cuenta y riesgo. Como tan a menudo sucede con las personas ambiciosas, no contando con el propio y exiguo capital, sino con la fortuna del amigo. Y como era obvio para cualquier espectador neutral, al primer movimiento de ataque la mamba se arqueó, abrió su oscura boca negra, y tras emitir un silbido penetrante lanzó presta un mordisco a la parte posterior del muslo. La parálisis fue instantánea. Agarrado a la valla, el corredor de fondo se inclinó, estiró la pata. La dosis de veneno, mortal, aún tardaría unos minutos en hacer su efecto. No había tiempo que perder. Había que alcanzar el poblado cuanto antes. Estaba ya muy cerca. Allí estaría a salvo. Se incorporó y empezó a correr cojeando, al principio con gran dificultad. Y poco a poco, recomponiendo algo la postura. La mamba se deslizaba, enroscada en las piernas, presta de nuevo al mordisco con la primera señal de ataque. Retomando el control, el corredor volvió a deslizarse cauto sobre el asfalto recorriendo esta vez en sentido inverso lo que casi 3 horas atrás había sido el principio de su aventura.




Había tenido mucha suerte, sin duda. Un contratiempo casual de última hora le había colocado en posición algo retrasada. El gentío y el estrecho callejeo le indujeron a contener el ritmo desde un principio. La soledad acaba siendo la mejor aliada del corredor de fondo, y cuando el ambiente se aligeró, él ya estaba en su propia y aislada órbita, imperceptiblemente más rápida que las vecinas en un principio, pero implacable con el paso del tiempo. La ciudad casi no existía, no la descubrió en toda su belleza hasta el día siguiente. Apenas reparó en lo que parecía un excelente ambiente urbano, callejero, musical, de barrio. Avanzaba ligero, fresco, pero también impermeable al entorno social. Se alegró enormemente, km 15, de encontrar a Luis en el nutrido grupo del 2:59. Hizo lo posible por quedarse con él diluyéndose en el ambiente. Pero fue en vano. Los contratiempos para adelantar, para beber de unos ocasionales vasos de plástico que se rajaban con la presión, derramándose en la camiseta y dejando seca la garganta, le apremiaron, le impacientaron. De ninguna manera soportaría llegar así al km 20. Siguió adelante y se despidió de Luis sin un solo gesto, deseándole suerte. Y ya todo fue suave, sencillo, los km pasaban idénticos, no necesitaba pensar en nada para distraerse, iba concentrado en su ritmo, en la zancada, en el asfalto, como si corriera sólo y le pareciera lo más natural que así transcurriera apacible el día. Apenas algún que otro instante, la parada en el 25 para tomar el gel y beber tranquilo entre algo de lío; un par de km un poco más lentos por creer que el hecho de seguir adelantando corredores como hasta entonces le indicaba que mantenía el mismo ritmo. Pequeño espejismo. Muchos atletas empezaban a tener dificultades más evidentes, la prueba era que se echaba encima de ellos con facilidad. Ajustó un poco el ritmo al alza para seguir en ligera progresión. Tampoco más, quedaba mucho por delante.




En el 30 vio a su compi Higi, todo un calvario por delante. Apenas le dio para un breve saludo cariñoso, estaba ya entrando en el trance del 32, allí donde empieza la cuenta atrás, 10, el laberinto alucinógeno del País de las Maravillas, 9, donde no sabes en qué sentido corres, vuelas o caes, 8, donde pasas por la Feria y no sabes si estás al principio o al final, 7, donde un gigante con un martillo enorme golpea machacón mientras tú, en la huida, apenas consigues resbalar, 6, donde él ha llegado hoy tocado por la varita y marca su mejor parcial, 5, donde el largo túnel se arruga entre calles, curvas, gritos, música, sin saber cuándo ni cómo ha ocurrido, 4, donde saluda a Quique, algo desconcertado pero firme hacia la luz, 3, donde todo se ilumina y aparece el gran reloj del conejo blanco, tengo prisa, tengo prisa, me espera la reina de corazones, 2, la serpiente mamba que ataca saliendo del laberinto, 1, la guardia real lanza en ristre, pinchando por toda la pierna al grito de que le corten la cabeza, cero, y en el último segundo te escapas de la pesadilla, entras en la alfombra roja, luces, música, confeti, bailarinas, acción: paseo triunfal, ves al fondo el reloj y ya no importa que marque las horas, sólo deseas avanzar a cámara lenta saboreando cada metro, levantas los brazos, bajas la cabeza, querrías cerrar los ojos y quedarte así un instante, cruzas meta, sonríes todavía crispado, te abrazas al primero que pillas, todos estáis ya en la misma nube aunque cada uno llegó con su viaje particular. Y te relajas. Ahora sí te aparece esa sonrisa que sale de dentro y que te va a acompañar durante mucho, mucho tiempo.